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sus orígenes formó parte del Colegio de la Compañía
de Jesús que, tras su expulsión en 1768, pasó a los
Carmelitas. Su traza, firmada por Blas Antonio Delgado, a la sazón
Maestro Mayor de la Catedral de Jaén, se llevó a cabo en las
primeras décadas del siglo XVIII.
De proporciones bastante elevadas
(debido quizá a la supresión del último tramo de los
pies), es de planta de salón con capillas-hornacinas laterales comunicadas
entre sí. No existe nave de crucero, sino dos capillas abiertas al
espacio central abovedado. El sotocoro está separado del resto de
la nave para intercomunicar dependencias anejas al templo. Hubo de poseer
una puerta (hoy desaparecida) en el testero de los pies, y que sería
interior puesto que su puerta exterior es lateral, es decir, abierta a la
calle que corre paralela al eje mayor de la iglesia (calle del Carmen).
Frente a ella, en el lado opuesto, otra puerta comunica con el patio interior.
Esta dotada de accesos interiores a las dos plantas.
Las circunstancias de su fundación y la expulsión de los Jesuítas
hubieron de influir en su parquedad ornamental. En su interior presenta
una galería superior abierta a la nave central mediante grandes vanos
con rústicas balaustradas de madera. Durante mucho tiempo estuvo
recubierta de estuco blanco (aunque se desconoce cuándo se hizo),
bajo el que ha aparecido un muro de aparejo de tradición mudéjar.
Su exterior es de sillares de toba
unidos por gruesa mezcla, contrastando el tono claro de la cal con el oscuro
de la piedra, lo que subraya aún más el tosco corte de los
sillares. Destacan la portadas del templo y la del Colegio:
• la primera posee dos columnas de orden compuesto con entablamento
liso y frontón curvo partido y grapas en piedra del tercio inferior
de las columnas. En el tímpano rica cartela con el escudo real.
• la
del Colegio, aún más sencilla, presenta un vano adintelado con
molduración en su enmarque, entre la que destaca la exterior formada
por un bocelón en acodos en la parte superior.
Mención aparte merece la torre.
Se levanta en el ángulo superior izquierdo (lugar no muy frecuente
en los templos cristianos). Parece obra del siglo XVI.
Es de esbeltas proporciones y en su cuerpo de campanas lleva columnas en
las esquinas y dos óculos franqueando los vanos de medio punto. Remate
octogonal y típicas bolas de cerámica vidriada en el friso
(tradición propia de la Loma de Úbeda). Es posible que se
trate del templo primitivo y que el nuevo se comenzara a construir desde
los pies del antiguo.
Texto: Juan Antonio Bueno Cuadros
Cronista Oficial de Cazorla