n el entorno de estas tierras, va a tener lugar la presencia del hombre desde
un momento temprano, a pesar de las duras condiciones geográficas y
físicas del lugar donde se encuentra. Quizás de un momento avanzado
del Neolítico provengan los restos líticos encontrados en enclaves
como el Chorro, caracterizados por hojas de sílex y piezas dentículas.
En numerosas cuevas de la zona se han encontrado abundantes restos de cerámicas
e, incluso, pinturas rupestres de tipo esquemático-levantino, como
en la cueva del Encajero o cueva de la Monja, situada a unos 6 kms. de Quesada.
En dicho abrigo pétreo destacan las figuras de un cérvido de
color rojo carmín. Esta figura es de tipología levantina, de
estilo naturalista. También se han encontrado dos pequeñas figuras
humanas esquemáticas y diversos útiles líticos, como
hachas pulimentadas, raederas, trozos de silex, brazaletes de arqueros …
Igualmente se pueden observar grabados de círculos concéntricos
o espirales en la roca, posiblemente simbologías mágicas o rituales.
Hasta el día de hoy, se han encontrado 18 cuevas datadas entre los
4.000-3.000 a. de C., con diversos materiales prehistóricos de mayor
o menor relevancia.
Ante el importante valor de estas manifestaciones artísticas
en la Península Ibérica, conocidas con el nombre de “arte
rupestre levantino”, la UNESCO ha declarado recientemente al conjunto
interprovincial de Jaén, Granada y Almería como PATRIMONIO
DE LA HUMANIDAD, incluyendo en tan destacado reconocimiento artístico-cultural
gran número de cuevas de este Parque Natural: cuevas y abrigos
con pinturas rupestres en Quesada, Segura de la Sierra, Santiago de
la Espada, además de otras del Parque Natural de Despeñaperros,
también en la provincia de Jaén.
Pero será durante el Cobre final (2.000 a. de C.) cuando cerca de
Cazorla, en las terrazas más antiguas del río Cerezuelo, próximas
a la Cuesta de la Pioja y la confluencia con el río Cañamares,
se establecen los primeros poblados estables. Así, cerca de aquí,
en un cerro conocido como la Loma del Bellotón, se ubica un pequeño
poblado de la cultura del Bronce (1.500 a. de C.).
Ya en el último milenio
antes de nuestra era, la cultura ibérica se desarrolla ampliamente
por la provincia de Jaén, como demuestra la importancia de los yacimientos
ibéricos que se investigan en toda la provincia. Esta cultura está
abundantemente representada, en la comarca, sobre todo por la presencia
de dos necrópolis o tumbas de cámara monumental en las vecinas
aldeas de Toya y Hornos de Peal (Peal de Becerro), que son unos elementos
únicos dentro del mundo ibérico. Entre Cazorla y Santo Tomé
tenemos el poblado de la Plaza de Armas del río Cañamares
o el cerro de Cabeza del Rey, todo dentro de una cronología del siglo
V-III a. de C. A estos restos deberemos añadir uno de los asentamientos
ibéricos más importantes de la comarca, Los Castellones de
Ceal, ubicado junto al arroyo de Ceal, cerca de Hinojares y datado en el
siglo VI a. Cristo. Esta aldea ibérica tuvo que tener una gran importancia
como demuestra la significativa riqueza de los hallazgos obtenidos: abundantes
cerámicas atenienses de barniz negro y figuras pintadas en rojo y,
sobre todo, numerosas armas.
Durante la romanización
de la Bética, los romanos se asentaron en esta región,
conocida como “Saltus Tugiensis”, nombraron sus sierras
como “Mons Argentarius”, por la riquezas de plata y sal
que encontraron aquí. Abundante cantidad de “Villae”
de carácter agrícola se van a desarrollar en esta época
junto a las fértiles tierras de la campiña, quizá
la más conocida sea la de Bruñel (Quesada) donde destacan
unos vistosos mosaicos con figuras humanas y naturalistas. Otros restos
romanos se han encontrados en Nubla, en la vega del río Cerezuelo
o en la aldea de Los Almansas (Chilluévar)... La presencia romana
es, por tanto, muy amplia en la comarca, e, incluso, se han encontrado
algunos restos dentro del mismo casco urbano de Cazorla.
Será a partir de la ocupación
islámica y en un momento tardío de la misma,
cuando en la Comarca de la Sierra de Cazorla aparezcan numerosos embriones
poblacionales, sobre todo, tras la presencia almohade y el inicio de
los reinos de Taifas más importantes, nos referimos a los del
reino nazarí de Granada. Los restos arqueológicos encontrados
en la zona vieja de Cazorla o en los castillos de la Yedra o de las
Cinco Esquinas, así parecen documentarlo. Con la ubicación
de la frontera entre el mundo cristiano y el mundo musulmán en
la línea del Guadalquivir, la Cazorla medieval y las localidades
vecinas, se van a fortificar, y van a ser durante bastantes años
lugar de pugna para acceder al interior de Granada, y a su reconquista.
Fernando III, "el Santo", en virtud de un privilegio rodado,
que firmó en Salamanca en 1231, donó, a perpetuidad, a
Santa María de Toledo y en la persona del arzobispo primado D.
Rodrigo Ximénez de Rada y de sus sucesores los territorios que,
una vez conquistados, vendrían a constituir el llamado Adelantamiento
de Cazorla.
Su jurisdicción sobre estas
tierras duró hasta 1811, cuando las Cortes de Cádiz abolieron
todos los señoríos. Durante la guerra de independencia, los
vecinos de esta Comarca se distinguieron por su patriotismo, luchando heroicamente
contra el invasor. Como premio a tan altos servicios, las Cortes Generales
de Cádiz, concedieron, el día 1 de abril de 1813 a la Villa
de Cazorla, el título de Ciudad, con la distinción de "Muy
Noble y Leal". Más tarde Alfonso XII recompensó la fidelidad
de Cazorla a la Corona, cuando las guerras carlistas, otorgando a su Ayuntamiento
la categoría de Excelentísimo.
Tanto Cazorla como otros municipios que hoy son parte integrante
del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, fueron,
durante la Edad Media y Moderna, villas y aldeas dependientes de la Sede
Primada de Toledo, con la creación de una institución feudal
conocida como Adelantamiento de Cazorla. Por su parte, otra gran porción
del territorio del Parque Natural, los territorios que comprenden la Sierra
de Segura, pertenecieron durante esta época a otra encomienda real,
en este caso, a la Orden Militar de Santiago. Por lo tanto fueron los Adelantados
de Cazorla y los Maestres de Santiago quienes gobernaron y rigieron los
destinos de estas serranías, en nombre del Rey, durante largos y
difíciles años.
El Señorío de Cazorla
fue durante la Edad Media un enclave fronterizo de gran importancia. Testimonio
de ello es la tupida red de castillos y fortalezas que delimitaron el Adelantamiento
creado en 1231, con la donación de la villa de Quesada y sus aldeas
por Fernando III el Santo al prelado de Toledo. Este arzobispo, don Rodrigo
Ximénez de Rada, participó en las expediciones llevadas a cabo
contra el Islam, en colaboración con la Santa Sede, que les otorgó
una bula en 1233, en la que le autorizaba conceder beneficios de cruzada a
todos aquellos que interviniesen en la lucha frente a los musulmanes.
El arzobispo de Toledo sería quien, a partir de
este momento, nombraría el cargo de Adelantado e iniciaría
la conquista de territorio, a la vez que establecía las bases para
su repoblación. El cargo de capitán general le imponía
la obligación de velar por la seguridad de los pueblos y aldeas,
además de las de impartir justicia y recaudar los impuestos.
Estos prelados desarrollaron una
intensa labor gubernativa en el Adelantamiento de Cazorla a lo largo de los
siglos bajo medievales. Fruto de ello fueron la creación de nuevas
villas y la reestructuración del territorio.
Una vez finalizada la conquista, con la renuncia de Baza
y la incorporación de Iznatoraf (1252), el Adelantamiento adquirió
su configuración territorial definitiva. El Infante Sancho de Castilla
(1250-1261) reorganizó la administración y otorgó a
cada una de las villas (Cazorla, Quesada e Iznatoraf) aldeas y términos
municipales propios.
Las causas que motivaron la concesión de villazgos fueron diferentes
en cada ocasión, pero todas estaban directamente relacionadas con
los acontecimientos políticos del reino de Castilla, la aparición
de nuevos centros económicos y los avatares de las fronteras, provocando
pequeñas migraciones de la población en lo que se considera
centro geográfico del Adelantamiento.Las villas, a partir de 1331,
quedaban ubicadas geográficamente con unas funciones muy específicas.
La
comarca de Quesada quedó configurada en 1257 con las aldeas
de Pelos, Toya, Peal de Becerro, Dos Hermanas, Villamotín, Aosín,
Fic, Torres de Alicún, Cuenca (de Hinojares), Chiellas, Cebas y Cortes.
Situada al sur del Adelantamiento, debía defender la frontera con el
reino de Granada.
Iznatoraf, separada de Cazorla y Quesada
por el Guadalquivir, y sus aldeas: Sohiruela de Guadalimar, La Moraleja
y Torres de Mingo Priego, se convirtió en el centro económico
más importante del Señorío, situada, como estaba, en
medio de la campiña con gran producción cerealista.
Cazorla, con sus aldeas de La Iruela,
Nubla, Alcoray, y más tarde Burunchel y el Retamal, controlaba la frontera
este del Adelantamiento. La villa recibió un extenso alfoz (en la Edad
Media, término rural que dependía de las autoridades municipales
de la villa) a lo largo del siglo XIII y XIV; a partir de 1331 se acrecentaron
aún más sus términos al extenderse su jurisdicción
sobre las aldeas que hasta entonces habían pertenecido a Quesada.
Esta organización se vio
modificada en 1331, por la donación de Quesada al concejo de Úbeda.
El Señorío quedaba momentáneamente con dos villas Iznatoraf
y Cazorla. A lo largo del siglo XIV y XV se crearon tres nuevas villas: Villacarrillo,
Villanueva del Arzobispo y La Iruela.
La Iruela fue villa en 1367 y de nuevo
aldea en 1370 por causas políticas. La creación del villazgo
de La Iruela tuvo su origen en la guerra civil castellana (1362-1369) en
la que el Adelantamiento se vio implicado. Cada villa del Señorío
tomó partido por uno de los bandos, a veces en contra del Arzobispo
aliado al pretendiente. Cazorla tomó partido, en contra de su señor,
y a favor de don Pedro I. El arzobispo Don Gómez Manrique, en compensación
a la fidelidad de La Iruela, le concedió la independencia de Cazorla.
Pero La Iruela gozó poco tiempo de su privilegio y en 1370 el arzobispo
derogó el villazgo. El Consejo de La Iruela se querelló contra
el de Cazorla a la llegada a la Sede Toledana de don Pedro Tenorio, sin
obtener resultado alguno, dado que La Iruela se encontraba sin señor
que la apoyara.
Finalizada la Reconquista, el Adelantamiento de Cazorla
perdió su valor estratégico y se quedó de hecho en
mero Señorío. Sin embargo, aunque los Adelantados venían
siendo designados por los arzobispos, algunos hijos de nobles linajes se
propusieron convertir el título en hereditario. De este modo se dio
el llamado Cisma del Adelantamiento que enfrentó a dos pretendientes
al título, uno por la Mitra y otro por los Camarasa, descendientes
del cardenal Talavera. El conflicto se prolongó desde 1545 a 1606,
fecha en que el cardenal Sandoval y Rojas puso fin al litigio mediante la
concesión de importantes compensaciones a los Camarasa, mientras
la Mitra se reservaba la titularidad sobre el Adelantamiento.
En los siglos XVII y XVIII se originaron pleitos entre la Corona y la Mitra
por cuestiones de jurisdicción, fueros y rentas que empobrecieron
el Señorío. En 1811, las Cortes de Cádiz abolieron
la jurisdicción civil de la Mitra Toledana sobre estas tierras, aunque
no ocurriría lo mismo con la eclesiástica. Cazorla y las demás
villas y aldeas del Adelantamiento seguirían dependientes del arzobispado
de Toledo hasta 1954.